El masaje


Debido a una contractura en la espalda, que aun sufro, de cuando jugaba a baloncesto y la suma de posturas incorrectas en la silla de la oficina, una compañera de trabajo se ofreció a hacerme un masaje en su casa. Nos llevábamos muy bien. Ella siempre pendiente de mí, atenta a cualquier cosa que pudiera necesitar, me cuidaba. La verdad, una excelente persona. Yo rondaría los 27 años y ella más de 40, alguno más. Sinceramente me gustaba flirtear con ella. A quien no, a que hombre no le gusta sentir que atrae y que puede jugar con insinuaciones, frases con doble sentido y situaciones provocadoras dentro del clima de trabajo. Recuerdo que un día en una comida de compañeros me retó con una botella de agua y yo ni corto ni perezoso se la tire por todo el escote, llevaba camisa blanca, no podéis imaginar lo sensual y excitante que era verla con esa camisa empapada y sus pechos turgentes aun marcados, pegados. Esa transparencia, la cara que puso de enfado y la forma de secar los pechos entre el escote me excitó sobremanera.

Te contaré que es una mujer esbelta, alta. Media melena y siempre sonriente. Boca grande y sensual. Una figura deportista con unos pechos grandes y redondos, que desafiaban a la gravedad. Turgentes y fuertes. Curvas sensuales bajo los pantalones, y unas piernas bien formadas, fuertes se apreciaban bajo la minifalda que le gustaba lucir.

Bueno no me desviaré, continuaré con la contractura y el masaje.

Llego a su piso. Pequeño apartamento en la gran vía de Barcelona de una sola habitación. Muy austero y humilde. ¡¡Un colchón en el suelo y chocolate!!!! Mmmm a los dos nos gusta mucho el chocolate, siempre me trae cuando viaja algún detalle goloso. Me recibe en su pisco cómoda, camiseta de tirantes y pantalón deportivo, sonriente, aroma a incienso y una porción de chocolate de pimienta o de pétalo de rosa me dio a elegir. Cogí de los dos por supuesto. Chupé la porción de pétalo, un leve y suave sabor floral junto al chocolate. Me gusta deshacer el chocolate en mi boca, succionando y jugando con él dentro. Nos sentamos en el colchón y comentamos ciertas cosas del trabajo y conversamos sobre aspectos del día.

Me hace quitar la camiseta, mientras mira como me despojo de ella. Me quedo en pantalones. Me hace tumbar. Ella había hecho cursos de masaje por lo que estaba cualificada. Tumbado bocabajo oigo como abre un bote y se frota las manos. Huele fresco, verde, mis fosas nasales se dilatan. Es el aceite que va a utilizar para untar mi espalda. Me explica que ahora va a hacer unos movimientos de fricción para calentar los músculos con el aceite para así no producir males mayores. Arrodillada a mi costado posa las palmas de las manos en mis anchos hombros. Era una pasada. Mi primer masaje. Muy buenas manos, fuertes. No sé qué movimientos hacia pero ese dolor y placer a la vez me excitaba y relajaba. Sinceramente creo que a ratos me dormía y a ratos recorría electricidad por mi cuerpo. Dependiendo de si apretaba, presionaba, desataba los nudos. Y he de reconocer que también dolía sin causar placer, que conste. Disfrutaba cuando sus dedos o palma de la mano llegaban al final de mi espalda, un cosquilleo placentero. Mientras mi imaginación se evadía pensando en sexo, situaciones morbosas y por supuesto que masajeaba otras partes que lo estaban deseando por mi parte.
Me excitaba la sensación de sus pulgares al marcar mis costillas, esa presión se transformaba en un calambre que llegaba hasta mi ano provocándome unos espasmos y apertura de piernas. O la presión sobre la columna subiendo y bajando, no podía evitar alzar mis caderas por el placer proporcionado. Como machacaba los nudos a la altura del omoplato intentando deshacerlos, dolía mucho, pero estaba empalmándome. Me recomendó que me quitara los pantalones para no mancharlos de aceite. Me vuelvo arqueándome para desabrocharlos, y los deslizo. Me miraba divertida, supongo que pudo ver mi semierección y mi acaloramiento. Pone una toalla sobre mis nalgas para no coger frio. Continúa con el masaje. Tiene unos dedos largos y firmes, y los mueve con arte por mi cuerpo. Los hombros los masajea firmemente, apretando. Se da cuenta de que eriza mi piel. La verdad que una gran parte de mi excitación era mental pues cuando deshacía los nudos de mi contractura dolía, hasta que bajó a mis riñones. Volví a poner un poco el culo en pompa por sentir sus manos tan cerca de mi culo, y creo que ella tuvo tentaciones. Aparto la toalla y bajó un poco la goma de mis boxers. Presionaba esa zona donde comienzan las nalgas. Yo continuaba con mi cabeza entre los brazos emitiendo leves gemidos. A veces el aceite frio renovado en mi espalda me daba ese latigazo de placer por la diferencia de temperatura.

Hasta que dijo- ¡ya está!
y yo conteste- ¿ya? falta la parte delantera.
Y ella me contesta- ¿cómo que la parte delantera?
respondo- pues el pecho
a lo que ella continua- el pecho no se masajea pues están las partes vitales. ¿A ver qué quieres…? (sonriente con mirada picara) venga date la vuelta

Me volví, a lo que vio mi erección bajo el bóxer. Sentada sobre mis piernas, deslizó sus manos desde los hombros hasta el abdomen, rozando con sus dedos. Dejando notar sus uñas en mis pezones, lo que me producía el arqueo de mi cuerpo, Mi polla cerca de ella pidiendo a gritos libertad y placer. Volvía a subir y otra oleada de electricidad recorría todo mi sistema nervioso, y sexual. Cuando masajeaba el abdomen producía unas cosquillas por dentro, como si tuviera sus manos en mi interior, cosquillas que subían por la columna hasta la nuca y como no un elevamiento de mi bóxer. Ella riendo, divertida, atenta a mi cuerpo de golpe baja el calzoncillo y libera mi sexo. Ya húmedo, con esas gotitas transparentes en el rojo capullo. Un sombrero bonito y sensual que invita a lamer como un chupa-chups. Todo mi falo duro, gordo e hinchado. Rasurado para poder disfrutar más y hacerlo más bello. Me mira a los ojos, lo agarra y me dice:

–          ¿Esto es lo que querías?

Se inclina, rozándome la barriga con su pelo, sobre mis inglés, cosquillas. Mueve su mano masturbándome suave pero firmemente. Y se lo mete en la boca, toda entera, friccionando con sus finos labios. Se olvida de mí, como si no estuviera y se centra en chupar con disposición y dedicación. La tensión crece. Crece en mi cuerpo con cada chupada. Gimo y dedico gritos mientras mi cuerpo se retuerce. Muevo las piernas como si su boca estuviera poseyéndome. En verdad ese movimiento con la lengua envolviendo el capullo dentro de su boca provoca una descarga desde el glande, por dentro, hasta un punto central de todo mi cuerpo. Finos alfileres fríos como placer por cada lamida. Me arqueo y levanto mis nalgas, ella recibe todo mi sexo abriendo la boca más. Desliza la punta de la lengua por el surco entre el glande y el tronco, jugando con el prepucio. A la vez que con una mano subiendo y bajando, me da lametones sonoros y  la otra mano palpa y aprieta mis huevos. Los estira y aprieta mientras que traga como una posesa. Yo grito, sonidos guturales, sin medida. Esos espasmos provocados por el placer de tener una boca como la suya, entregada y proporcionándome miles de sensaciones, no solo ahí, sino en todo el cuerpo, hasta la mente. Desliza su lengua descendiendo por el perineo, la mueve hábilmente consiguiendo que me estremezca. La posa en la entrada de mi ano, la mueve en círculos, levanto mas mis caderas. Ella mete la punta con suaves penetraciones. Mis convulsiones y sus succiones provocan que agarre su cabeza, y así tumbado con ella sobre mí, no haga otra cosa que follarle la boca. Mis piernas flexionadas, su cara en medio, yo con mis manos en su cabeza, subo mis caderas para penetrar más su boca, babea todo mi sexo. Estoy lleno de su saliva y ella la relame. Ya tiene cara de vicio y de salvaje.

Me hago con sus tetas como puedo, como llego, no me deja, no quiere, hoy solo hay entrega y es la de ella para mí. Ella mamaba. Quería darme aún más placer del que había sentido recorriendo mi espalda. Pero aquello era una pasada, como la mojaba, dejaba resbalar toda su saliva y volvía a meterla en la boca, absorbía el capullo y jugaba con su lengua dentro, toda una maestra de la felación.

Me corrí. Me corrí, gritando, en toda su boca y siguió chupando, recibía con placer y gusto mi néctar. Genial. Hizo que me arqueara y emitiera un gutural sonido desde el fondo de mi ser. Aquella corriente por todo mi cuerpo al seguir chupando una vez ha arrancado mi orgasmo, es delicioso. La bese en la boca.

Charlamos. Comimos.

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