Vuelta al trabajo


Hoy he vuelto al trabajo, ya tocaba después de 15 días de vacaciones. No tenía ganas de volver pero es lo que hay. La única ilusión era volver a verte. Si a ti, la dama de las dos mujeres. Porque eres dos mujeres en una.
He llegado con mi corbata nueva, negra, y camisa nueva también, además negra, con el pelo de punta engominado. Ese aire medio moderno medio siniestro.
Me ha seducido notar tu aroma de perfume en la cafetería. Te he imaginado sorbiendo tu café mientras me miras por encima del vaso.

Has entrado en mi despacho, sensual, elegante, sexy y supercorrecta. Esa falda por encima de las rodillas dejándome adivinar tus columnas torneadas, ajustada a tus sabrosos muslos envidiosos del roce. Una camisa escotada lo justo para hacerme desviar la mirada de tus ojos curiosos y picaros a tan deseado manjar con el que me deleito solo adivinando e imaginando. Cuando nos hemos saludado y felicitado el año he notado tus grandes pechos en el mío, disfrutando con ese calor, de tu cuerpo. Ahí te ha salido la mujer dominante diciendo aquí estoy yo pero mi mano se ha posado en tus nalgas y tu sumisamente te has dejado, surgió la mujer número dos.

Ya en el despacho me siento, enciendo el portátil. Entras sin llamar, te colocas a mi lado para mostrarme aquellos temas que dejamos pendiente en diciembre. Noto tu olor dulce, noto tu olor de mujer uno, dominante, de hembra devoradora. De reojo saboreo tu escote y miro descaradamente lo ajustado de tu falda. Me regalas un gran canal debido al peso de tus hermosos pechos. Por supuesto te das cuenta. Estás dominando la situación.
Con un gesto rápido me agarras el paquete, fuerte, con decisión y me dices al oído

– cuidado que esto va creciendo…
aprieta más, con firmeza haciéndolo suyo, disfrutando de que es capaz de excitarme así.
Y yo le contesto
– no puedo evitarlo…
me come la boca, mordiendo, violando mi boca con su lengua, surge su lado dominante. Me desabrocha ágilmente, poseída por un influjo terrenal, animal. Babea mi pecho lamiendo y besando, me muerde los pezones a lo que yo reacciono agarrándole del pelo con firmeza. Solo oigo sus ruidos emitidos como si de un animal se tratase. Tengo su perfume en todo mi ser ya. Inclinada sobre mí, yo descamisado, la corbata alrededor de mi cuello, su mano apretando mi duro bulto. Dirijo mi mano a atinar por debajo de la falda, pero no me deja. Me quita la mano con un gesto firme,
mientras lame y hace lo que quiere en mi pecho.
Rápidamente me deja sin pantalones y se lleva mi polla a la boca, la mama directamente. Absorbe con devoción, se la traga entera. me levanta de la silla, yo agarrado a su cuello, como si la obligara a chupar, cosa que no hace falta, la tiene toda dentro jugando con su lengua tan bien como solo ella sabe hacer. Soy suyo, dominado. Se agarra a mis nalgas redondas, prominentes y duras. Me lleva al cielo. Disfruto de esa postal sin que nos dirijamos la palabra. Tiene los huevos en su boca mientras me mira a los ojos poseída, en una danza de su mandíbula con mis bolas, arrastrando todo mi prepucio hasta el final como si no quisiera que tenga final. Babea mi culo con toda su lengua, me siento ricamente pringado. Sus dedos juegan alrededor. Siento esa electricidad punzante y placentera en todos mis puntos nerviosos. Disfruto dejándome llevar.

De repente, por instinto me levanto. La levanto. Se sorprende pillada por sorpresa y la inclino sobre la mesa, de culo. Su cara medio de susto se refleja en el cristal del cuadro de la pared de en frente. Ella se da cuenta, se muerde los labios.

Y le susurro al oído
– ahora te voy a dar yo perrita

Amaso sus pechos voluminosos pero no dejo que se liberen de esa presión. Rozan y se deslizan mientras dejo mi peso sobre su culo. Me mira por el cristal con cara de vicio, sumisa, inocente a la vez, adoptando la mujer dos.
Levanto su falda para mi sorpresa sin tanga ni nada. Se la meto de golpe. No me sorprende que esté bien lubricada, emanando fluido de vicio. Le doy esas nalgadas que le gustan a ella exclamándole que se masturbe como mi puta que es, mientras yo la follo. Le separo las nalgas mientras mis caderas van y vienen con movimientos rápidos y fuertes. Grita que está a punto. La saco. Vuelvo a meterla, despacito. Pausado, poco a poco. La saco, la dejo en la entrada, muevo mis caderas en círculos. Dejo caer mi peso despacio.
Y grita
– sigue por favor no pares

Escupo en su culo. Meto un dedo. Entro y salgo despacio, poco a poco. Veo en su cara los ojos desorbitados. Gime. La mesa llena de saliva.
Acelero mis movimientos, salvajes y violentos.
Se corre acelerando el movimiento de sus dedos en ese rico y gran botón. Grita. Exhausta.

Veo el reflejo de su cara como en el súmmum.
Hago que me la chupe. Me follo su boca cogiéndola del pelo. Me corro en su boca, fuera, alrededor de sus labios. Le ordeno:
-lámete
ella lame. Sigue mamando dejada. Abandonada a mí. A mi placer. A su placer por dar placer y servir.
La beso, muerdo sus labios, nos metemos la lengua.

Tenemos mucho trabajo hoy.

 

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